Intermoda es la feria de moda más grande de Latinoamérica. Dura cuatro días, ocurre dos veces al año, y en ese tiempo miles de compradores recorren un recinto con más de mil stands buscando marcas concretas.
El problema no es que no haya un plano. Es que un plano impreso no responde la única pregunta que importa: «estoy aquí, quiero ver esta marca, ¿cómo llego?»
Y hay un segundo problema, invisible para el visitante pero central para el organizador: cada seis meses cambia todo. Otro padrón de expositores, otra distribución de pabellones, otros stands, otra agenda. El sistema no se construye una vez: se tiene que poder rehacer entero dos veces al año, en días, sin que nadie reescriba el software.
Lo que da sentido al conjunto está justo en medio: el organizador mueve un stand en el panel y el visitante lo ve en el mapa.
Corre en el teléfono del visitante y en los tótems táctiles del piso de exposición. Es el mismo software: cambia el modo, no el producto.
Donde se administra el padrón, se asignan los stands sobre el plano y se prepara cada edición desde cero.
El sistema no le muestra dónde está el stand: le traza la ruta desde donde está parado, siguiendo los pasillos reales del recinto. Y le da un código para llevarse esa ruta al teléfono y seguir caminando.
Cambiar de edición —plano nuevo, pabellones reorganizados, padrón completo distinto— cuesta alrededor de diez días de trabajo, no un proyecto nuevo. El sistema lleva tres ediciones consecutivas en producción.
Cada búsqueda, cada stand consultado y cada código escaneado queda registrado con su tótem, su edición y su dispositivo. El organizador sabe qué buscó la gente que fue a su feria: información que antes no existía.
Seis problemas que había que resolver bien para que miles de personas pudieran orientarse en un recinto que cambia dos veces al año.
El plano del recinto no trae geometría, ni geodatos, ni un grafo del que partir. Es un archivo de ocho mil por seis mil píxeles entregado por diseño. Y sobre eso hay que responder «¿cómo llego a este stand?».
Más de cien pasillos con sus nombres reales —las calles numeradas, la zona Denim, Trend Zone, los vestíbulos, las escaleras— capturando varios miles de puntos sobre el plano.
Cada pasillo se convierte en aristas con peso igual a la distancia real, y las intersecciones se generan solas: dos calles que comparten una coordenada quedan unidas automáticamente.
Un algoritmo clásico de rutas calcula el trayecto entre dos puntos cualesquiera en milisegundos, sin servidor de por medio.
El código incluye una vista de depuración que pinta todos los nodos con sus coordenadas: es lo que se necesita para levantar un recinto entero a mano.
El trabajo duro no fue el algoritmo: fue el levantamiento del recinto, pasillo por pasillo.
En la conexión saturada de una feria con miles de asistentes, ese activo no se puede descargar en cada pantalla. Y es el elemento central de la aplicación.
Se crea una vez por sesión y nunca se descarta. La navegación ocurre en un panel lateral sobre el mismo lienzo.
El servidor genera exactamente el mismo HTML que el cliente, de modo que la primera carga viene completa —rápida y enlazable— y las siguientes la sustituyen sin salto visual.
La reescritura que introdujo este diseño añadió funcionalidad quitando más de mil líneas de vistas.
El coste del plano se paga una vez por visita, no una vez por pantalla.
El tótem es vertical y el plano es horizontal. Con el encuadre estándar de la librería de mapas, el plano ocupaba menos de media pantalla y dejaba franjas vacías.
Se escribió una alternativa que escala tomando el mayor de los dos factores y recorta el sobrante, en vez de dejar que quepa entero.
La decisión está documentada en el propio código, que es lo que hace mantenible un ajuste así.
Detalles que solo aparecen cuando alguien mira la pantalla en el sitio donde va instalada.
Un tótem en el piso de exposición tiene restricciones que un teléfono no tiene, y guarda memoria del visitante anterior.
Se carga cuando el sistema sabe que corre en un tótem. En el teléfono del visitante no aparece: ya tiene el suyo.
Tras un rato de inactividad vuelve al inicio y limpia el rastro de quien estuvo antes.
Ese mismo mecanismo registra cuánto tiempo estuvo el tótem realmente en uso — dato de negocio para el organizador.
Cada ficha muestra un código generado por expositor, por edición y por tótem: el visitante se lleva la información al teléfono y el sistema sabe desde dónde salió.
Medición y comodidad en el mismo gesto.
Cada edición cambia el padrón completo de expositores, la distribución de pabellones, la asignación de stands y la agenda. Si eso obliga a tocar el software, el sistema no sobrevive a la segunda edición.
Los stands son permanentes; su ocupante y sus coordenadas cuelgan de la edición. Rotar no es migrar datos: es cambiar de fila.
El organizador ve los stands como marcadores: el ocupado ofrece ver o editar, el libre ofrece asignar. Edición directa, no un formulario de coordenadas.
Ese es el coste real medido de adaptar el sistema a una feria nueva, incluyendo plano, pabellones reorganizados y padrón completo.
Tres ediciones consecutivas en producción lo confirman.
El archivo del cliente pasó de ocho columnas a veinte, luego a veintidós, luego a veinticuatro entre ediciones. Y el padrón casi se triplicó.
Adaptar el importador a un archivo nuevo es actualizar una tabla de correspondencias, no reescribirlo.
Aborta listando las esperadas y las encontradas, en lugar de leer la equivocada en silencio.
Limpia lo de esa edición antes de importar: se puede correr las veces que haga falta sobre el mismo padrón.
Cuando un nombre no existe en el catálogo, busca coincidencias parciales y deduce por el stand asignado. Con tabla de alias para desajustes históricos.
Los campos demasiado largos se reportan como error de captura legible, en vez de fallar en la base de datos.
El importador aguantó que el padrón se triplicara sin reescribirse.
Todo lo de esta lista existe en producción, y ha soportado tres ediciones consecutivas de la feria.
Ver todos nuestros serviciosUna feria no se pospone. Abre el día que abre, con o sin sistema funcionando, y concentra todo su valor en cuatro días. Eso cambia cómo hay que construir.
No hay segunda oportunidad ni versión siguiente. Lo que no está el día de la apertura, no existe para esa edición.
El contenido cambia entero cada seis meses. Si eso obliga a tocar el software, el sistema no llega a la tercera edición.
El color de la ruta se cambió entre ediciones porque alguien la miró con la luz de la feria y no se veía bien.
Tres ediciones consecutivas en producción, con dos rotaciones completas ya ejecutadas.
Ferias, centros comerciales, campus, hospitales, almacenes. Si tus visitantes se pierden o tu contenido cambia por temporadas, es el problema que sabemos resolver.